Sobre este blog

Diego es un bebe que, como muchos, tiene un Trastorno Generalizado del Desarrollo No Especificado. La tasa de nacimientos con este tipo de diagnóstico se dice ha crecido exponencialmente en los ultimos años, sobre todo en el estado Bolivar, Venezuela.

En este blog compartimos sus avances, sus logros, cómo ha influido en la vida de nosotros sus padres, familiares y amigos.

Esperamos llegar al corazón de cada uno de nuestros visitantes para crear conciencia sobre la necesidad de respetar los derechos de los que son diferentes y en colaborar para hacer mas corto el camino hacia su integración a una sociedad que brinde oportunidades a todos.

viernes, 3 de diciembre de 2010

En el Día Mundial de la Discapacidad: Villa Bahía




Cada mediodía cuando desando el camino del trabajo hacia mi casa, al llegar a ese cruce de avenidas siento el magnetismo del lugar, es una encrucijada donde la vida vence todos los obstáculos y avanza con una fuerza tan obvia como silenciosa, donde un Darwin se habría quedado prendado del sitio sin duda alguna, porque la supervivencia es la del mas apto.

Siento que me asomo a lo que parece ser otro universo paralelo, como alguien que espía, como alguien que clandestinamente vive una vida distinta en tan solo los segundos que toma una mirada al pasar.

A lo largo de la calle hay un sinfín de kioscos con gran diversidad de productos a la venta, puesto que empezaron como simples mesas bajo cuatro ramas de árbol y techos de lona o de bolsas plásticas, y que ahora han ido evolucionando a materiales más sólidos como zinc y bloques de cemento. Los ojos se me van primero a los puestos de verduras, los kioskos de ventas de lotería, también un puesto con discos “quemados”, copias clandestinas de música y de películas, obra de la piratería galopante que es ya una factor imprescindible en la economía informal del país, veo cuerdas donde guindan ropa para la venta, mucha licra y algodón, de un colorido que delata el gusto extrovertido, nada del ecléctico beiz o gris y mucho menos de la austeridad del negro, aun me sorprendo cuando me topo con un cuartucho que ostenta un cartel donde se lee: “Peluquería Unisex”. La venta de licores sin licencia no falta, y mas allá, venden pescados, veo los especimenes al aire libre y un hombre agita una vara donde ha amarrado una bolsa plástica para espantar moscas y hasta gatos. En un negocio aledaño se ven bolsas colgantes de un tarantín que chorrean líquido a la acera y se transparentan los cuerpos de las aves recién beneficiadas.

Estoy frente al cruce de “La Invasión”, una zona verde protegida por ser resguardo natural de las cercanías de uno de los dos ríos que surcan mi ciudad y que hace unos años muchas familias de bajos recursos, usando machetes, palas y sus manos, desforestaron los terrenos y armaron sus humildes casas, zinc, cartón, tablitas, cansados de esperar por soluciones habitacionales y urgidos por las ganas de criar a sus hijos bajo un techo propio. Algunos conocemos el barrio simplemente como la invasión, pero para sus habitantes es obvio el cartel donde se lee el sugerente nombre de: Villa Bahía.

Villa Bahía tiene calles serpenteantes, rojizas y brillantes, rojizas porque la tierra arcillosa esta desnuda, no hay asfalto o cemento que las cubra y brillantes porque el sol abrasador o la lluvia torrencial se empeñan- aunque sean diametralmente opuestas- en hacerlas destellantes al verse de lejos.

Pero el magnetismo que emana no viene de estas cosas materiales como usted imaginara, son las personas que transitan, son las pequeñas escenas cotidianas las que me seducen, porque parecen pequeños fragmentos de obras de teatro callejeras, y son los rostros que cuentan historias, o que mas bien, que hacen volar mi imaginación que se empeña en tratar de buscar las respuestas a las eternas preguntas ¿Por que? ¿Cómo? ¿Para que? ¿Donde estan los Derechos Humanos?


Cada día paso por allí y cada vez se presenta una obra diferente de vida y fuerza, madres que regresan a casa con sus hijos, familias jóvenes con bolsas del mercado a cuestas, hombre con bebidas en la mano a tempranas horas, chiquillos corriendo con grandes sonrisas, mujeres impetuosas revisando la fruta, comprando un único plátano para el almuerzo, embarazadas con su paso típico…

Mis ojos se van solos hacia esas escenas, tratando de adivinar sus pensamientos…

¡Y de pronto le veo!

Tendría unos 11 o 12 años, no mas, venia saliendo de una de las calles internas, llevaba una camisa impecablemente blanca, resaltaba como un sol al contrastar con la tierra roja de fondo, muy bien metida la camisa por dentro del pantalón escolar azul marino perfectamente planchado, de lejos se notaba el filo del planchado, con un cinturón negro muy bien ajustado, en las espaldas su mochila, su cabello con retiro a un lado, su piel morenita y hermosa y su rostro de niño mostraba su total concentración para alcanzar su objetivo : Llegar a tiempo a la parada del autobús, con sus brazos y manos sosteniendo un par de muletas que le permitían avanzar casi a saltos porque sus piernas le sostenían mas no le obedecían en el movimiento.

A dos pasos en paralelo otro chiquillo caminaba, también presto para ir a la escuela y se notaba que sutilmente hacia tiempo para no dejarle atrás a su compañero, para caminar al lado de su amigo o hermano, no lo puedo saber. En la esquina aquella mujer vigilante, con ojos de águila y actitud de leona orgullosa pero al mismo tiempo presta para saltar a la defensa de su hijo, dispuesta a atacar sin pensarlo dos veces a cualquiera que representara un peligro al acecho, adivinaba era la madre, esa mama que alza las alas para dejar que su polluelo salga al mundo y se defienda, aunque no querría quedarse a un lado jamás… aunque quisiera acompañarle toda la vida, pero sabe que no puede ni debe… La miro y confirmo que no somos distintas, que algo nos une, que la maternidad y el amor por un hijo no tiene límites ni condiciones sociales, ni siquiera históricas, es como si traspasara el tiempo y el espacio.

¡Dios Mío! Con cuanto orgullo vi a ese campeón avanzar, sus muletas apoyadas en la tierra resbalosa, pensé en su camisa impecable, por favor Dios no permitas que se caiga y se ensucie, ¿De donde vendrá?, Villa Bahía es tan intrincada que puede venir caminando de pocos metros o de distancias considerables solo por las tantas vueltas del camino, ¿Y porque me preocupa que se caiga si soy generalmente de mentalidad positiva?

Entonces me percato de la forma en que apoya las muletas, van en un ángulo mucho más allá de 45° preocupantes grados, y entiendo lo que pasa:

Las muletas no son para niños, no se ajustan a su estatura, son muletas para adultos, para poder apoyarlas bajo sus brazos y en el piso al mismo tiempo, se ve obligado a abrir el ángulo y por lo tanto pierde gran parte del apoyo y la seguridad al andar.

Siento una oleada de rabia, de impotencia y de dolor por esa familia luchadora, por esa criatura que todos los días lucha paso a paso por ir a la escuela a conquistar un futuro.

¿Por que tiene que usar unas muletas para adulto?, ¿Por que no puede tener unas muletas infantiles?, ¡Cuánto esfuerzo Señor! ¿Es que no puede haber algo fácil para las personas con discapacidad?… ¿Será que recibieron una donación de algún instituto que para variar no considero la edad del niño?, ¿Será que la familia no consiguió muletas infantiles cuando fueron a comprarlas?, ¿Será que ignorando el problema que ocasionaría decidieron invertir el dinero en unas muletas que le duraran por mas tiempo? No puedo saberlo, pero me siento conmovida y no puedo evitar angustiarme y solo puedo rezar en silencio para que el niño lo logre.

Mi esposo me ha explicado que no debo detenerme en ese lugar a comprar nada porque es peligroso, es detenerse en plena vía rápida lo que puede devenir en un accidente de transito, además es exponerme a posibles atracos porque es zona sin vigilancia policial, pero me temo que ya es tarde, aunque no me detenga, ya me arroyo la valentía de un pequeño luchador… y mi corazón ha sido totalmente robado.


7 comentarios:

Marina dijo...

Excelente entrada Betza!!! Muchos besos

Programa de Desarrollo Psicosocial dijo...

Me encantó tu reflexión Betza. A veces la adversidad no viene sola sobre todo en situación de pobreza, negligencia, ignorancia. Cariños, Carmen

Mami dijo...

Cuando empecé a leer la descripción del lugar, me ubiqué mentalmente en tantos lugares que he visto aqui asi... y que buscan salir como sea.
Qué triste! Que impotencia!
Este niño luchador es el mejor ejemplo para todos nosotros..no decaer y si la ayuda es insuficiente o inadecuada...seguir!!!

Una abrazo a Diego..

Ricard dijo...

Hola Betza.
Una estupenda entrada y una buena reflexion de la misma.
Una verdadera pena que existan tales situaciones.
Lo peor de todo es que se podria remediar de un modo inteligente.
El mas grande de mis abrazos para que lo repartas con mi querido Diego.
Ricard

maria gloria dijo...

Muy linda entrada lastimosamente es la realidad aqui es igual o peor, muc hos besitos

Rosio dijo...

Muy bonita entrada para reflexionar. Creo que esa situación en muy usual en países como el nuestro, pero muchas veces de situaciones límites, nacen esos pequeños guerreros que admiramos en tu entrada.
Cariños,
Rosio

Betzabe dijo...

Gracias por sus comentarios, son cosas que al verlas marcan, ese dia me fui muy triste a mi casa y con una gran frustracion...

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